Carlos Theiller: Dios te salve m’hijo

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Carlos Theiller: Dios te salve m’hijo

 

 

|   Eterno admirador de aquellas plumas que en sólo tres minutos pueden, bellamente, contar un historia; y además, ponerles ritmo de tango. Se sirve de esa poesía tanguera para mirar la realidad y, aunque no lo busque, hacernos reflexionar.


 

 

Patricia Silva conductora del Programa 80-20, Carlos Theiller y el co conductor y artista plástico Antonio Marsiglio.

Patricia Silva conductora del Programa 80-20, Carlos Theiller y el co conductor y artista plástico Antonio Marsiglio.

–Presencia permanente en el Programa 80-20 que conduce Patricia Silva por FM 106.5 Radio LatitudSur, Theiller eligió esta semana un tango que conmovió y llama a la reflexión social:  “Dios te salve m’hijo” , de Luis Acosta García, cuya letra compartimos al pié de esta nota.

 

Click abajo para ver el video:

 

 

 

Dios te salve m’hijo

 

Tango 1933

Música: Pedro Noda / Agustín Magaldi

El pueblito estaba lleno, de personas forasteras,
los caudillos desplegaban lo más rudo de su acción,
arengando a los paisanos, de ganar las elecciones
por la plata, por la tumba, por el voto o el facón.

Y al instante que cruzaban desfilando los contrarios
un paisano gritó ¡viva! y al caudillo mencionó;
y los otros respondieron, sepultando sus puñales
en el cuerpo valeroso del paisano que gritó.

Un viejito lentamente, se quitó el sombrero negro;
estiró las piernas tibias del paisano que cayó,
lo besó con toda su alma, puso un cristo entre sus dedos
y goteando lagrimones, entre dientes murmuró:
“Pobre m’hijo quién diría que por noble y por valiente
pagaría con su vida el sostén de una opinión,
por no hacerme caso, m’hijo: se lo dije tantas veces…
no haga juicio a los discursos del Doctor ni del patrón.

Hace frío, ¿verdad, m’hijo? (ya se está poniendo duro)
tápese con este poncho y pa’ siempre yebelo;
es el mesmo poncho pampa, que en su cuna cuando chico
muchas veces, hijo mío… muchas veces lo tapó.
Yo, viá dir al campo santo, y a la par de su agüelita,
con su daga y con mis uñas una fosa voy a abrir,
y, a su pobre madrecita, a su pobre madrecita,
le dirá que usted se ha ido… que muy pronto va a venir.

A las doce de la noche, llegó el viejo a su ranchito
y con mucho disimulo a su vieja acarició:
y le dijo tiernamente: su cachorro se ha ido lejos,
se arregló con una tropa; ¡le di el poncho y me besó!
Y aura vieja por las dudas, como el viaje es algo largo
priéndale unas cuantas velas, por si acaso nada más,
arrodiyesé y le reza… pa’ que Dios no lo abandone…
y suplique por las almas… que precisan luz y paz.

 

Fuente: todotango